El día de ayer se suscitó un nuevo debate en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro Sergio Aguirre Anguiano propuso al pleno de la Corte ordenar un peritaje para determinar si la píldora del día siguiente es abortiva. El asunto es jurídico y se centra en la discusión de los criterios sobre la aplicación de la Norma Oficial Mexicana que obligaría a los centros de salud a ofrecer la píldora del día siguiente a la ciudadanía. “En su argumentación contraria a que la píldora del día siguiente sea distribuida por los servicios de salud […], Aguirre sostuvo que no existe opinión médica respecto de si la píldora es abortiva, y esta indefinición `obliga a que se manden a hacer los peritajes médicos incumbentes´, para que el asunto se discuta con la amplitud debida”. (La Jornada, 25 de mayo de 2010).
No es la primera vez que el ministro Anguiano busca detener este tipo de propuestas. Para algunos, su aguerrida lucha jurídica obedece más a cuestiones de conciencia que a la necesidad de establecer políticas de salud en algunos casos necesarias . A nuestro entender el debate generado se puede abordar desde dos ámbitos que si bien no son únicos, son dignos de mencionar, a saber: la dimensión ética y la política.
Dimensión ética del debate:
El debate ético se centra en torno al embrión, como tal, ¿es vida, vida humana, ser humano, persona? La respuesta a esta pregunta depende de qué entendemos por cada una de estas realidades. Es indiscutible que desde la fecundación el cigoto tiene en sí las condiciones biológicas necesarias del humano, pero para algunos expertos en bioética no necesariamente es un humano en plenitud. El cigoto ciertamente es un ser vivo, es biológicamente humano y posee la capacidad de originar a un nacido. Sin embargo ¿hasta qué grado este derecho a la vida es entendible en las etapas previas del desarrollo embrionario? ¿Por qué sí, o por qué no hasta `x´ o `y´ etapa pudiera considerársele ser humano? Ahora bien, ¿qué es más inhumano: interrumpir condiciones de vida humana, o condenar a una vida esclavizada y por ende poco humana?
El efecto de la píldora del día siguiente a decir de algunos especialistas ocurre entre las siguientes 48 y 72 horas posteriores a la relación sexual , ahora bien, considerando entonces que la fecundación tarda bastantes horas en ocurrir, la función de la píldora es evitar dicha unión (acto previo), una vez que la fecundación ha ocurrido la píldora no puede evitar nada, la anidación ocurrirá de modo ordinario y el proceso de gestación seguiría su curso, la píldora según algunos especialistas evita la fecundación antes de que esta suceda, no la destruye, con todo, esto lo dejamos a los expertos.
Frente a la cuestión ética creemos que lo fundamental no estriba únicamente en la discusión sobre el posible efecto micro-abortivo de una píldora, antes bien, hay un elemento de igual o mayor importancia, el hecho de estar frente a una vida con destino humano. ¿Qué hace el Estado, qué hacemos nosotros como sociedad para asegurar no solo la vida humana, sino las condiciones para que toda vida humana tenga precisamente una vida digna.
Dimensión política del debate:
El ministro Anguiano propone una revisión detenida hecha por especialistas sobre la generalización en el sector salud del uso de la píldora del día siguiente. La propuesta se presenta sobria y razonable, éste como el resto de asuntos de interés público, (en este caso referente a la salud) debe ser considerado desde distintos ámbitos y analizado por especialistas en el tema. Sin embargo hay algo que resulta curioso. La postura de Anguiano parece ser motivada por cuestiones confesionales antes que jurídicas, o bien, se pretende buscar vías jurídicas para atender a la conciencia personal. Ante ello es necesario recordar junto con J. Habermas que no es posible seguir fundamentando al Estado en nociones pre-políticas. La fundamentación política del poder conlleva una legislación independiente de toda ideología religiosa, o filosófica en particular, de modo que el legislador no debe orientar su labor jurídica en virtud de su conciencia personal, sino a favor de una política que se presenta como necesaria en el ámbito de la salud pública.
Nuestro escrito no pretende tomar postura, antes bien generar diálogo. La moralidad en cuestiones sexuales a la luz de los principios cristianos resultan complejos, no podemos reducir el asunto a una condenación ex profesa del hecho, somos sujetos. Ya Marciano Vidal, (teólogo experto en cuestiones de moral) nos advertía de la necesidad de contextualizar la idea del pecado en el plano de la conflictiva existencia humana, no desde la casuística fría y estrecha. Me queda claro que nuestra vida gira en torno a las decisiones que tomamos y que no estamos exentos de error, por ello debe quedar abierta la posibilidad de un discernimiento sincero.
No es la primera vez que el ministro Anguiano busca detener este tipo de propuestas. Para algunos, su aguerrida lucha jurídica obedece más a cuestiones de conciencia que a la necesidad de establecer políticas de salud en algunos casos necesarias . A nuestro entender el debate generado se puede abordar desde dos ámbitos que si bien no son únicos, son dignos de mencionar, a saber: la dimensión ética y la política.
Dimensión ética del debate:
El debate ético se centra en torno al embrión, como tal, ¿es vida, vida humana, ser humano, persona? La respuesta a esta pregunta depende de qué entendemos por cada una de estas realidades. Es indiscutible que desde la fecundación el cigoto tiene en sí las condiciones biológicas necesarias del humano, pero para algunos expertos en bioética no necesariamente es un humano en plenitud. El cigoto ciertamente es un ser vivo, es biológicamente humano y posee la capacidad de originar a un nacido. Sin embargo ¿hasta qué grado este derecho a la vida es entendible en las etapas previas del desarrollo embrionario? ¿Por qué sí, o por qué no hasta `x´ o `y´ etapa pudiera considerársele ser humano? Ahora bien, ¿qué es más inhumano: interrumpir condiciones de vida humana, o condenar a una vida esclavizada y por ende poco humana?
El efecto de la píldora del día siguiente a decir de algunos especialistas ocurre entre las siguientes 48 y 72 horas posteriores a la relación sexual , ahora bien, considerando entonces que la fecundación tarda bastantes horas en ocurrir, la función de la píldora es evitar dicha unión (acto previo), una vez que la fecundación ha ocurrido la píldora no puede evitar nada, la anidación ocurrirá de modo ordinario y el proceso de gestación seguiría su curso, la píldora según algunos especialistas evita la fecundación antes de que esta suceda, no la destruye, con todo, esto lo dejamos a los expertos.
Frente a la cuestión ética creemos que lo fundamental no estriba únicamente en la discusión sobre el posible efecto micro-abortivo de una píldora, antes bien, hay un elemento de igual o mayor importancia, el hecho de estar frente a una vida con destino humano. ¿Qué hace el Estado, qué hacemos nosotros como sociedad para asegurar no solo la vida humana, sino las condiciones para que toda vida humana tenga precisamente una vida digna.
Dimensión política del debate:
El ministro Anguiano propone una revisión detenida hecha por especialistas sobre la generalización en el sector salud del uso de la píldora del día siguiente. La propuesta se presenta sobria y razonable, éste como el resto de asuntos de interés público, (en este caso referente a la salud) debe ser considerado desde distintos ámbitos y analizado por especialistas en el tema. Sin embargo hay algo que resulta curioso. La postura de Anguiano parece ser motivada por cuestiones confesionales antes que jurídicas, o bien, se pretende buscar vías jurídicas para atender a la conciencia personal. Ante ello es necesario recordar junto con J. Habermas que no es posible seguir fundamentando al Estado en nociones pre-políticas. La fundamentación política del poder conlleva una legislación independiente de toda ideología religiosa, o filosófica en particular, de modo que el legislador no debe orientar su labor jurídica en virtud de su conciencia personal, sino a favor de una política que se presenta como necesaria en el ámbito de la salud pública.
Nuestro escrito no pretende tomar postura, antes bien generar diálogo. La moralidad en cuestiones sexuales a la luz de los principios cristianos resultan complejos, no podemos reducir el asunto a una condenación ex profesa del hecho, somos sujetos. Ya Marciano Vidal, (teólogo experto en cuestiones de moral) nos advertía de la necesidad de contextualizar la idea del pecado en el plano de la conflictiva existencia humana, no desde la casuística fría y estrecha. Me queda claro que nuestra vida gira en torno a las decisiones que tomamos y que no estamos exentos de error, por ello debe quedar abierta la posibilidad de un discernimiento sincero.
